Hatcho Miso Mimasa, soja fermentada

Hatcho Miso Mimasa, soja fermentada

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El hatcho miso de MIMASA fermenta siguiendo centenarios métodos tradicionales, en barriles de cedro a temperatura ambiente.

El hatcho miso es pasta de soja fermentada con semillas de koji durante tres largos años, sin ningún cereal añadido.

El proceso de fabricación se divide en cuatro pasos: el primero es la preparación del koji (Aspergillus oryzae), después la preparación de la soja, el proceso de mezcla del koji con la soja, y por último la fermentación del miso.

La soja se prepara lavándola y dejándola en remojo.

Su tamaño aumenta 2,2 veces.

Posteriormente se cuecen al vapor, se dejan enfriar y se mezclan con el koji y sal marina. Después se tritura toda la mezcla.

El hatcho miso de MIMASA fermenta siguiendo centenarios métodos tradicionales, en barriles de cedro a temperatura ambiente.

Se fabrica básicamente en tres prefacturas del centro de Japón.

Durante la fermentación se activan las enzimas y bacterias de koji y para evitar la oxidación, pesadas piedras se colocan encima de los barriles para aplastar la mezcla y separar la pasta de miso del aire y acelerar la fermentación.

Para la elaboración del hatcho miso de MIMASA sólo se utilizan ingredientes naturales (soja ecológica no transgénica, agua, sal marina y semilla de koji), para cuyo cultivo no se han utilizado ni fertilizantes ni otros productos químicos.

El resultado es un producto con un aroma y una calidad únicos, muy rico en nutrientes.

Los misos en los que el proceso de fermentación se acelera con calor pierden estos nutrientes.

Lo mismo ocurre cuando se le añaden conservantes y colorantes.

Las enzimas digestivas y aminoácidos sólo los encontraremos en misos fermentados naturalmente durante 2 inviernos y 2 veranos, sometidos a las fluctuaciones de temperaturas de las estaciones.

 

Propiedades nutritivas
La soja, el principal ingrediente del hatcho miso, es rica en proteínas, pero es difícil de digerir.

En el miso, la proteína de la soja se desintegra en aminoácidos durante la fermentación, con lo que no sólo la hace fácil de digerir, sino que además ayuda el sistema digestivo y a repoblar la flora intestinal.

Al no contener cereales, el hatcho miso contiene pocos hidratos de carbono y un elevado porcentaje de proteínas (21%).

El miso es la forma más saludable y fácil de asimilar la proteína de soja.

En su fabricación se utiliza todo el grano de la soja, incluida la piel.

De este modo, el miso tiene el beneficio añadido de sustancias tales como la saponina, el ácido linoleico y la lecitina, que ayudan a disolver el colesterol adherido a las paredes sanguíneas.

Por lo tanto, el miso favorece la prevención de la presión arterial alta, de la acumulación de lípidos en el plasma y de accidentes cerebrovasculares.

Asimismo, contribuye a mantener la elasticidad de los vasos sanguíneos.

La vitamina B2 que se obtiene a partir del koji promueve la reducción de la oxidación del organismo, mientras que su aporte de vitamina B12 ayuda a la formación de la sangre y reduce la fatiga mental.

La vitamina E de la soja favorece que se inhiba la peroxidación lipídica, provocando un efecto anti-envejecimiento.

A esto también contribuye la saponina, que además favorece la prevención del endurecimiento de las arterias y de enfermedades hepáticas. Por su parte, las enzimas de la semilla de koji, los fermentos y las bacterias del ácido láctico ayudan a la digestión.

Las isoflavonas de la desoxidación de la soja alivian la rigidez en el cuello y los hombros.

Asimismo, favorecen la prevención del cáncer de mama.

La colina de la soja favorece la prevención del hígado graso y del envejecimiento.

En el siglo XVII, se descubrió que las pipas quedaban más limpias de restos de nicotina si enjuagaban con sopa miso y no sólo con agua caliente.

Ahora se sabe que la vitamina B del miso favorece la eliminación de las sustancias nocivas del tabaco y que también protege la garganta.

En 1945, en Nagasaki, Japón, después del lanzamiento de la bomba atómica el Dr. Tatsuichiro Akizuki, director del Urakami Dai-Ichi Hosital (actualmente llamado St. Francis Hospital) salvó muchas vidas alimentándose con arroz integral y sopa miso con algas.

El Dr. Hiromitsu Watanabe, del Research Institute for Radiation, Biology & Medicine de la universidad de Hiroshima, estudió ampliamente el efecto protector del miso tanto en radiación como en cáncer.

Otros investigadores se han sumado a estos estudios y actualmente podemos afirmar que el miso favorece la descarga de sustancias radiactivas en el cuerpo y, además, el HEMF, la sustancia antioxidante del miso, favorece la eliminación las células cancerosas causadas por la radioactividad.

 

Modo de empleo

De forma tradicional, el hatcho miso se toma especialmente como condimento en sopas, patés, legumbres y cereales.

Normalmente se añade cuando ya hemos terminado de cocinar un plato y hemos apagado el fuego.

Entonces diluimos una cucharadita pequeña de hatcho miso de MIMASA por ración en la sopa o caldo.

Dejamos que repose unos minutos y ya podemos servir.

También se pueden preparar deliciosos patés mezclándolo con tahín ecológico de MIMASA y agua, o usar como aderezo en salsas.

Hay que tener en cuenta que no es necesario añadir sal al hatcho miso de MIMASA, pues ya es un condimento que tiene sal. Por ello, cuesta mucho que el hatcho miso de MIMASA se estropee, pero si vivimos en un sitio cálido es mejor ponerlo en la nevera una vez abierto el envase. Al ser un fermento, no se debe hervir, ya que de lo contrario perdería sus propiedades.

 

Valores nutricionales (100 g):

Energía 208 kcal

Proteínas 22,4 g

Grasas 6,6 g

Saturadas 0,91 g

Hidratos de carbono 18,8 g

Azúcares 0,6 g

Sodio 3,79 g

 

Presentacion:

Bolsa de 400 grs.

 

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